Bueno, este es el primer capitulo. Espero les guste.
Por cierto, en los primeros capítulos (que son más introductorios) aún no aparecerá Peeta jeje.
Capitulo 1:
La luz del sol ya está entrando por mi ventana. Serán como las 8 de la mañana. Me quedo viendo al techo de mi habitacion por unos minutos, luego me desperezo, aparto con las piernas las mantas que me cubren y me levanto. Ahhh. Debo admitir que anoche no fue la mejor de mis noches. Hacia demasiado calor y además, anoche fue de esas noches en las que no puedes dormir y te quedas pensando en cosas... no precisamente buenas. La cuestión que estaba debatiéndose en mi mente era: ¿Qué diablos haré? ¿Cuál será mi meta en la vida? Necesito saberlo lo antes posible, porque no se que haré la próxima vez que papá me lo pregunte...
Ya con 18 años cumplidos debería saberlo, no?
¿Por qué no me siento atraída por ninguna carrera universitaria? La mayoría de los que hace dos años fueron mis compañeros de clase ya han comenzado a asistir a la universidad desde el mes pasado. Sinceramente nunca crei que esto seria algo que requiriera que yo lo pensase mucho, considerando que desde que tengo memoria hasta... hace 2 años y medio más o menos, mi respuesta a esa pregunta era un seguro y a veces despreocupado: "Seré doctora. Estudiaré medicina." Mas ahora esa es mi pregunta del millón.
Después de ducharme y vestirme, bajo a desayunar. En el comedor ya solo está papá, mi hermana de año y medio, Camila, y la chica que trabaja y vive con nosotros, Elizabeth, a quien de cariño le decimos Liz. Todos desayunando. Supongo que mama ya se ha ido a trabajar y mi hermano menor, Seth, estará en el colegio.
-Buenos días Liz. Buenos días papá. - les digo viéndolos a los ojos y sonriendo algo cansada. Le paso dando un beso a mi padre.
- Buenos días Sam. - me responde Liz sonriendo.
-Buenos días Samantha - dice papá sonriéndome tambien.- ¿Qué tal has dormido? Ha hecho un terrible calor anoche, eh?
-Ya lo creo. - digo levantando las cejas, empezando a caminar a la cocina.
- He tenido que dormir en ropa interior - dice divertido.
- Okay papa, no era necesaria esa confesión - digo divertida también mientras reviso el refrigerador para seleccionar mi desayuno. Me gustan los momentos así con mi padre. Momentos muy simples que a veces se dan en los que ambos somos capaces de compartir una broma, auqnue sea una pequeñita o una idea o una opinión sin que ninguno de los dos comience a discutir. No se dan demasiado seguido, pero sí se dan. -Vaya, me han dejado sin huevos para el desayuno - digo con aire fingido de dolida.
- Lo siento hija pero esta mañana ha venido tu abuelo y ha desayunado aquí. -dice aun sonriendo.
-Oh, eso lo explica todo. -digo. Ya que no solo han sido los huevos los que se han acabado según lo que veo dentro de la fría maquina. Gracias a Dios me han dejado leche y hay fruta, entonces me preparo un plato de avena, fruta y pan. Después de un tiempo me quedo sola en el comedor. Solo con el sonido de la televisión encendida y de los pájaros de los arboles de afuera, porque felizmente no vivimos tan cerca de la autopista como para escuchar el incesable pasar de los autos afuera y Liz y Cami ya se han ido a jugar. Genial. Mas tiempo a solas para pensar.
Decido rotundamente no pensar en lo de anoche, y elijo mejor pensar en la salida de mañana en la tarde con mi prima (que es como mi hermana mayor). Acordamos ir al cine, aunque para ser honesta, hubiese preferido ir por un helado o un café, a un lugar donde se pueda hablar tranquilamente. No para hablar de mis cuestiones, sino porque hablar con ella siempre me hace bien. Es mejor, mucho mejor, que una película.
Termino, me cepillo y salgo de casa a la estación de autobús. Aun tengo tiempo para llegar al trabajo.
Ya dentro del bus, en el camino de ida me pongo los audífonos y después de un breve tiempo con ellos, siento que alguien me toca el hombro por detrás. Volteo y ahí está ella. Andrea. Mi antigua gran amiga. La chica que me acompañaba en mi afición por libros y películas. Éramos bastante unidas. Pasábamos la mayor parte del tiempo juntas, hasta que sus padres consiguieron trabajo en Brasil y su familia se mudó. Eso ocurrió hace unos 5 años. Desde entonces habíamos perdido considerablemente la comunicación, no estoy segura de por qué. Vienen a mi mente varios recuerdos felices junto a ella. Me sonríe y dice:
- Sam?! Vaya, cuanto tiempo sin verte!
- Andrea! Es cierto. Ha pasado mucho! - es genial habérmela topado justo hoy.- ¿Cómo has estado?
- Pues muy bien, resulta que mis padres no planeaban quedarse en Brasil por el resto de nuestras vidas y como puedes ver en cuestión de años hemos vuelto. - dice contenta. -Brasil es hermoso, pero nada se compara a la ciudad en la que naciste y pasaste tus primeros años.
- Si es cierto, nada como casa. Vaya!... Me alegra mucho que hayas vuelto. En serio -digo sonriendo de oreja a oreja.
-Si, a mi también!... Y cuéntame. ¿Cómo te ha ido todo este tiempo?
Le cuento un resumen de como ha estado mi vida durante estos últimos años. Le cuento que he seguido con el canto, que planeo meterme al club de actuación y pintura. Que he parado los estudios por un tiempo, que estoy deseando viajar y le cuento sobre mi trabajo en la cafetería.
- Wow! No sabia que tu también habias dejado los estudios por un tiempo...
-Si. -sonrio.-Y yo no sabía que tu también. - digo viéndola tranquila.
-Bueno, sí. Quise darme un tiempo para viajar, conocer mejor el mundo y tomar un respiro, jeje.
-Exacto.
Después charlamos por un tiempo más. Ella me cuenta que también está trabajando. En una tienda de velas aromáticas, tapetes, discos, libros y recuerdos llamada "Awesome". Me cuenta que la relación que llevaba con su novio de hace 5 años nunca acabo del todo. A pesar de que en ese entonces eramos chicos de 13 años y ahora estamos... empezando a volvernos adultos (se supone). Ahora no es muy formal su relación, pero tampoco han perdido el vinculo e increíblemente tampoco la confianza ha desaparecido del todo. Planea regresar a Brasil en unas semanas por unas cosas que necesita y que olvidó comprar. Ha aprendido a cocinar estupendamente y a demás me ha resultado estudiante de baile. Vaya! Si que necesitábamos ponernos al día una a la otra...
Finalmente nos despedimos. No sin antes pasarnos nuestros respectivos números de teléfono. Acordamos llamarnos y juntarnos en la cafetería un día de estos. Creo sinceramente que nuestra vieja amistad puede renacer y quien sabe, a lo mejor ahora logrando un vinculo aún más fuerte que el de antes...
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